La Ruta de la Seda I

La Ruta de la Seda: Marco Polo


“En Acre no pudimos más que capturar unos pocos vistazos de la vida detrás de los muros desnudos de las viviendas, salvo el rostro de un niño en alguna puerta, o la ropa lavada que ondeaba en lo alto. Deambulamos por sombreados caminos de adoquín y callejones sin pavimentar, o pasábamos
pavimentar, o pasábamos horas en los bazares por el placer de sentir una miríada de fragancias; un paseo para ver y sentir algo de la vida local. En el bazar o souq, una melodía desconocida pero encantadora nos dio la bienvenida. Entre risas, la gente conversaba a gritos. Las conversaciones callejeras eran de un volumen tal que creí que la mayoría de las personas de Israel eran prácticamente sordas. De las entradas de las casas, por todas partes, partían gritos de shalom (paz) mientras deambulábamos por el laberinto de callejones y tiendas donde apenas penetraba algún haz de luz por los techos y toldos.Un hombre que estaba barriendo el polvo de la entrada de su casa preguntó en inglés: —¿Os habéis extraviado? Se podía comprar casi de todo. Bueno, en realidad, casi de todo, si es que se podía identificar el objeto bajo la luz tenue: unos zapatos náuticos color beis o un vestido finamente tejido y bordado a mano, una silla para montar camellos de piel repujada o pinturas de La Última Cena que brillaban en la oscuridad. Podíamos escoger entre alfombras para rezos de seda u otras más económicas de plástico con vivos colores… “
” La Odisea de Marco Polo”
HARRY RUTSTEIN
Editado: Juan Oliver

Alejandro Magno, sigue la historia

Con el deceso de Alejandro, el mundo quedó atónito. Dicen que aquel día una sombra pasó sobre Babilonia, acompañada por el susurro de grandes alas. Lejos y al oeste, en Siwa, se vio un águila que sobrevolaba el templo de Amón. A la misma hora, declaran los sacerdotes, otra águila entró en el santuario de Zeus en Dodona, posándose en el gran roble del oráculo. El ave permaneció allí un rato —llamando plañideramente, como si llorase a un hermano perdido— hasta que volvió a remontarse hacia las montañas. Por último, siempre en el mismo día, los custodios del altar de Zeus en Dion vieron una gran águila que llegaba del este. Descendió al altar, arrojó una guirnalda de laurel con las garras, voló en círculos y ascendió a su nido, en la cumbre del divino Olimpo. Pues aquel día de primavera, durante el arcontado de Hegesías en Atenas, cuando le faltaba poco para cumplir los treinta y tres años, murió el gran Alejandro.

Esquines hizo una pausa, pero no para aclararse la garganta. Sólo se quedó quieto unos instantes, la cabeza gacha, los hombros flojos. Cuando el jurado empezó a inquietarse, reanudó su discurso, en una voz muy menuda que sin embargo llegaba al fondo del tribunal.

Doy por hecho que el rey murió envenenado. Después de su segunda y tercera bodas, su primera esposa Roxana tenía motivos para desear su muerte, y muchas oportunidades para causarla. Recordaréis que los babilonios ordenaban a un catador que probara el agua que ella le llevaba. Aunque este hombre no murió después de beber, sufrió agudos dolores abdominales. Quizá la causa de estos dolores no fuera fatal para un hombre sano, pero sí mortífera para alguien debilitado por la enfermedad. Como todos sabemos, los envenenadores expertos no atacan aisladamente, sino que aguardan a que una enfermedad natural oculte su intervención.

Podéis juzgar los motivos y el carácter de esta mujer por lo que sucedió el día en que murió Alejandro: Roxana falsificó una carta en la que el rey ordenaba a su segunda esposa, Barsina, que lo visitara en Babilonia. Esta carta llegó a Susa antes de que la noticia de la muerte se conociera allí. Barsina fue asesinada cuando se sumó confiadamente a la escolta real, que en realidad era una pandilla de matones pagados por Roxana. Como Roxana, ella llevaba en el vientre a un hijo de Alejandro. Entiéndase que no me propongo tomar partido en la actual disputa sobre la sucesión. En lo concerniente a los motivos de Roxana, y de Macón, sólo es preciso aclarar que Roxana ha dado a luz a un varón, y que el niño hoy tiene una relevancia que no habría tenido si Barsina hubiera vivido.

Ciencia y Filosofía

EL PROBLEMA.

Etimológicamente, “ciencia” significar “saber”, pero en base a eso, no podemos decir que tosas las formas de saber que existen puedan ser llamadas por ese término.

Es preciso distinguir lo que es el saber de la ciencia respecto de otros tipos de saber.

La primera distinción es entre “opinión” y “epistéme” o “ciencia”:Históricamente es ésta la primera cuestión que distingue entre el “saber vulgar” y el “saber científico”.

La “opinión”, en cuanto que es “saber vulgar”, no es igual a la ignorancia, sino, que según explicó Platón, esta situada entre la perfecta ciencia y la absoluta ignorancia.

La segunda distinción que es necesario hacer es entre “ciencia” y la “filosofía”: Esta distinción es más difícil pues las dos disciplinas se caracterizan por su “rigor”, por su orden “metódico”, etc.

Cuando nacieron tanto la ciencia y la filosofía no era necesario hacer ninguna distinción, pues la “sabiduría” era una sola; pero, con el tiempo, en la medida que las ciencias han ido logrando su independencia respecto de la filosofía, se hace imperativo puntualizar las diferencias entre ambas, para delimitar sus respectivos campos.

LA NATURALEZA DE LA CIENCIA.

Podemos repetir con Ferrater Mora que la ciencia es “un modo de conocimiento que aspira a formular, mediante lenguajes rigurosos y apropiados, “leyes por medio de las cuales se rigen los fenómenos”.

Desde ese punto de vista, dos objetivos necesarios e imprescindibles de la ciencia son:

a) Que las leyes que descubre y formule sean “comprobables” por “observación y / o experimentación”;

y b) Que sean útiles para “predecir” acontecimientos relativos a los fenómenos a los que las leyes se refieren.

LOS NIVELES DEL CONOCIMIENTO.

Con el objeto de aclarar un poco más las relaciones mutuas entre las ciencias y la filosofía y con el interés de ubicarlas en el nivel de conocimiento adecuado, utilizaremos una clasificación que tiene sus raíces en el pensamiento de los griegos, pero que ha sido reformulada y planteada en el artículo “ciencia y Filosofía” por el Dr. Santiago Montes.

Plantearemos tres niveles de conocimiento:

a) La Experiencia, que puede ser:

i) empírica.
ii) Práctico.

b) La Ciencia (o Epistéme)

c) La Teoría

EL OBJETO DE LA FILOSOFÍA.

El otro problema que puede plantearse con respecto a la distinción entre ciencia y filosofía es el que se refiere a su objeto.

La pregunta por medio de la cual se formula el problema no es “¿cuál es el objeto de la filosofía?”, sino una más radical: “¿Tiene objeto la filosofía? ¿Existe un objeto un objeto de la filosofía?” (siguiendo el planteamiento de Zubiri).

El problema no está en que no se sepa cuál es el objeto, pues su ese fuera el caso, sólo habría que indicar cuál es.

El caso es que el objeto de la filosofía no puede ser comparado con ningún otro objeto, sea éste real, ficticio o ideal. El objeto de la filosofía es “tan otra cosa que no es cosa”.

Pero, a pesar de que no es una cosa, encontramos que el objeto de la filosofía no puede encontrarse separado de un objeto de conocimiento, puesto que está oculto en cualquier objeto posible.

Por el hecho de “estar oculto” es que “debe ser buscado”; el objeto de la filosofía es “esencialmente fugitivo”.

¿De qué huye el objeto de la filosofía? Huye de una “simple mirada de la mente” (esto es, de una “simplex mentis inspectio”) para volverse objeto de una “reflexión”.

Entendemos por reflexión “un acto o una serie de actos que en una u otra forma vuelven sobre el objeto de un acto anterior a través de éste”. Esta nueva mirada sobre el mundo, más atenta que la primera, busca colocar las cosas del mundo, más atenta que la primera, busca colocar las cosas del mundo dentro de una perspectiva más profunda, más radical.

El objeto de la filosofía, pues, incluye tres características:

a) Es constitutivamente latente
b) Es esencialmente fugitivo
c) Es objeto de una reflexión

La diferencia entre la ciencia y la filosofía, en lo que se refiere a su objeto, está en que la ciencia estudia un objeto “que está ahí”, mientras que la filosofía “persigue”, “busca” su objeto, pues éste, por su propia naturaleza, huye.

En otras palabras, la filosofía “no consiste sino en la constitución activa de su propio objeto, en la puesta en marcha de la reflexión”.

“Mientras cualquier ciencia y cualquier actividad humana considera las cosas ‘como son’ y ‘tales como son’, la filosofía considera las cosas ‘en cuanto que son’.

Dicho en otros términos, el objeto de la filosofía es ‘trascendetal’.

Precisamente por eso es que Zubiri afirma con convicción que “aunque no sea exacto lo que decía Kant, ‘no se aprende filosofía, sólo se aprende a filosofar’, resulta absolutamente cierto que ‘sólo se aprende filosofía poniéndose a filosofar’”.

Nacimiento de Alejandro Magno

El primer año de la 106a Olimpiada (356 a. C.), en el sexto día del mes que los macedonios llamaban Panemos y los griegos Ekatombaion (es decir, el 21 de julio de nuestro calendario), en el palacio real de Pela, capital de Macedonia, Olimpia, hija de Neoptólemo, rey de los molosos (un pueblo griego del Epiro), y mujer de Filipo II, rey de Macedonia, daba a luz al niño que llevaba en su seno desde hacía nueve meses. Recibió el nombre de Alejandro, como su tío, el rey Alejandro III: era el tercero de este nombre en la dinastía de los Argéadas. La noticia del nacimiento no llegó a oídos de su real padre, que guerreaba en Calcídica donde acababa de liberar Potidea del dominio de Atenas, hasta el mes de octubre, en medio de una terrible tempestad otoñal como suele haberlas en los Balcanes en esa estación, mientras los relámpagos iluminaban esporádicamente el cielo y los truenos no cesaban de retumbar. Según Plutarco, el mensajero que había llevado a Filipo la noticia de este glorioso acontecimiento tenía dos más que anunciarle: el primero que Parmenión, uno de los mejores generales macedonios, había avanzado por el país de los ilirios y les había infligido una dura derrota; el segundo que el caballo del rey había ganado la carrera de caballos sin uncir en los Juegos Olímpicos, recién inaugurados en Olimpia el 27 de septiembre. Esto suponía tres noticias felices de un golpe, y Filipo sin duda se alegró mucho. Según Plutarco, los astrólogos y los adivinos que entonces consultó aumentaron su alegría explicándole que ese hijo, cuya venida al mundo había sido acompañada por esas tres victorias (la de Potidea, la obtenida por Parmenión y la de su caballo), sería invencible en el futuro. Poco después de este nacimiento rodeado de prodigios tan magníficos, y según otra fuente invocada por Plutarco, se sumó que el templo de Artemisa (Diana) en Éfeso, en Asia Menor, había
ardido íntegramente, y que no había que extrañarse de que la diosa lo hubiese dejado consumirse porque esa noche asistía, divina comadrona, al parto de Alejandro. Pero cada cual veía las cosas a su manera: mientras los adivinos macedonios anunciaban a su rey un futuro radiante, para los sacerdotes y los adivinos de Éfeso el incendio del templo era presagio de futuras desgracias para Asia, porque aseguraba que ese día se había encendido en alguna parte del mundo una llama que un día habría de consumirla por completo…
Juan Oliver

La guerra civil como mal endémico y recurrente

La guerra civil como mal endémico y recurrente

La guerra civil como mal endémico o recurrente :
La Guerra Civil : El Congo Belga(I)
Los países africanos, sobre todo en los del ámbito subsahariano, donde las condiciones estructurales tienen un peso más evidente, al
menos a la hora de explicar la situación de guerra civil endémica o recurrente. Sin embargo, en el estallido de los conflictos la contingencia sigue jugando como siempre un papel clave. No hay duda de que en este sentido uno de los casos más complejos fue y continúa siendo hasta hoy el del antiguo Congo belga (nos referiremos a partir de ahora a este como el Congo, no confundir con la antigua colonia francesa homónima, a la que denominaremos Congo-Brazzaville). Este nuevo Estado surgido en 1960 tiene una superficie cuatro veces superior a la de toda la península Ibérica, y encierra en su seno un endiablado mapa de comunidades étnicas de lo más diverso, donde las cuatro más importantes, los kongo, los luba, los mongo y los mangbetu-azande, solo componen el 45 % de la población del país, repartiéndose el 55 % restante entre más de dos centenares de comunidades minoritarias diferentes (Appiah y Gates, 2010: 14-15). Esto habla por sí solo, aunque la cuestión étnica ni suele ser central ni por tanto debe cegarnos a la hora de explicar las causas de las guerras civiles africanas, que como cualquier conflicto armado tienen motivaciones y desencadenantes de lo más variado, cuestiones todas ellas que volveremos a ver corroboradas en los casos yugoslavo y caucásico. Finalmente, vale la pena señalar que si los abusos contra la población local fueron algo común en todos los regímenes coloniales, en el caso del Congo belga, hasta 1908 propiedad personal del rey Leopoldo II, hablamos de una posesión explotada por medio de la violencia extrema y la esclavitud. Desde luego, no es casual
que inspirara la archiconocida novela autobiográfica de Joseph Conrad, En el corazón de las tinieblas (1899), que narra su viaje río Congo arriba en 1890 (para una síntesis del periodo véase Ewans, 2003). Con las principales economías industriales en medio de su periodo económico de mayor crecimiento y en plena Guerra Fría, el recién independizado Congo devino en 1960 un lugar de interés estratégico por sus grandes riquezas minerales. Esto incluía algunas de las más importantes reservas mundiales de cobre, cobalto y uranio, localizadas en la gran región meridional de Katanga —con una extensión como la de España—, y de diamantes industriales, concentrados en el Kasai del Sur —una región del tamaño de Cataluña situada al norte de Katanga—, a lo cual había que sumar importantes yacimientos de tántalo, zinc y estaño. De hecho, la crisis interna que sufrió el Congo entre 1960 y 1965-1967, periodo en el que se concentra el primer ciclo de guerras civiles que asolaría el país, contó con la intervención activa de Bélgica en calidad de antigua metrópoli, así como también de Estados Unidos o la Sudáfrica y la Rodesia del apartheid, que buscaban preservar sus intereses en el nuevo país centroafricano y preservar el statu quo hasta donde fuera posible. Aun con todo, los intereses de cada uno de estos países eran diferentes. En el caso de Bélgica, que se encontró por sorpresa y sin planes para abordar la independencia de su colonia a finales de los cincuenta, el plan seguido se caracterizó por tratar de mantener el control sobre la
economía del nuevo país de manera soterrada. Esto pasaba por establecer un régimen pro-occidental, y en último término tuvo como resultado la permanencia de los burócratas belgas en los puestos de responsabilidad clave, así como de 1000 oficiales de las fuerzas armadas de dicho país a cargo de 25 000 efectivos del Ejército del Congo, una estrategia apoyada por Estados Unidos dentro del marco de la OTAN…

Bárbaros

Un grupo numeroso, pero heterogéneo de bárbaros abandonó prácticamente la misma región que abandonara la fuerza de Radagaiso, pero se trasladó hacia el oeste a lo largo del Alto Danubio, en vez de seguir los pasos de aquél hacia el sur a través de los Alpes. Este grupo estaba formado en su mayoría por vándalos, alanos y suevos, aunque había también numerosos fragmentos de población más pequeños. Los vándalos (en dos grupos distintos, los asdingos y los silingos) ya habían aparecido al oeste de los Cárpatos cerca de la provincia romana de Recia (parte de la actual Suiza) en 401-402. Los alanos de lengua irania, originariamente nómadas de la estepa, habían ocupado algunas tierras al este del río Don ya hacia 370. La identidad de los suevos, sin embargo, es más problemática. Este término aparece en fuentes romanas de comienzos de la época imperial, pero no volvemos a oírlo desde c . 150 hasta 400. Lo más probable es que designara a algunos de los marcomanos y los cuadros que habían formado parte de la vieja confederación sueva y que habían sido establecidos en la región de la cuenca media del Danubio, una vez más al oeste de los Cárpatos, desde comienzos de la época imperial. Desde luego otros suevos ocuparon esta misma región en el siglo V y, como pudo comprobar Constancio II en 358, los distintos reyes de estos pueblos tenían la costumbre de formar entre ellos alianzas políticas temporales. A partir de unos elementos de origen tan dispar, esta fuerza combinada acabó abriéndose paso a través de la frontera del Alto Rin y penetró en territorio romano. La fecha tradicionalmente aceptada es el 31 de diciembre de 406.

El magnífico Pieter Paul Rubens

Como Bernini para Roma, Rubens llena él sólo el Barroco de Amberes. Dueño de una poderosísima imaginación – de las más fecunda de la historia del arte -, señor de los secretos de la pintura, fue el más completo pintor barroco de Europa, convirtiéndose en el perno en torno al cual giraron tanto la pintura como las restantes manifestaciones artísticas de Flandes.

Si tras el triunfo orangista la familia Venius por catolica y afecta a Felipe II debió abandonar la holandesa Leyden, el regidor de Amberes y rico burgués Jan Rubens tuvo que exiliarse en Colonia(1568) por protestante y opositor al duque de Alba. Culto e inteligente – era doctor en ambos Derechos- allí fue consejero jurídico y confidente de Ana de Sajonia, la esposa de Guillermo de Orange, el Taciturno, del que vivía separada. El escandaloso nacimiento de un bastardo provocó su huida, su  arresto por por el conde de Nassau y su encierro en Dillenburg.

La dignidad en esta historia la puso Marie Pypelinckx que fue generosa con su marido infiel y tenaz hasta lograr líberle de la muerte y obtener su confinamiento en Siegen (1573-78)- donde nacería su sexto hijo, Pieter Paul – y en Colonia su libertad (1583).

Muerto en 1587 – es curioso que como católico, tras a jurar de la fe protestante, ese año su animosa viuda obtuvo permiso para regresar a Amberes con sus hijos. La razón para registrar este relato estriba en que además de explicitar el porqué del lugar de nacimiento de Rubens, arroja luz sobre cómo los conflictos políticos-religiosos de la época marcaron su cuna y moldearon en su sangre, carácter y educación del pintor de Amberes

Ya en la ciudad de donde era oriundo (1589),Rubens frecuentó la escuela de latinidad del humanista Rombaut Verdonck – donde ebtablaría amistad con Balthazar Moretus-

Autorretrato Pieter Paul Rubens

Las Meninas y Velázquez

Se trata de una obra de arte abierta, que a lo largo de su historia ha estado sujeta a una infinidad de interpretaciones diferentes y se ha ido enriqueciendo con nuevos significados. Aunque hay muchas divergencias sobre su sentido último, tanto el escenario como los personajes o los elementos principales de la acción están claramente identificados.

En primer término vemos a la Infanta Margarita rodeada de personas que trabajan al servicio de la corte, como sus damas de honor, una pareja de enanos o un guardadamas. Al fondo, un espejo nos devuelve la imagen reflejada de los reyes Felipe IV y Mariana de Austria, padres de la Infanta.

En las paredes cuelgan varios cuadros, alguno de los cuales han sido identificados.

La obra no es un mero retrato colectivo, pués le está asociada una Red de contenidos políticos y artísticos que trascienden las fronteras del género retratístico, y le convierten en un cuadro de contenido histórico, en el que se reflexiona muy sutilmente sobre la monarquía española. No es cuestión de esplayarse aquí aquí sobre un cuadro tan rico en significados, pero si de reflexionar sobre la posición que ocupa el pintor dentro del mismo. Cuestión que que dejo para la próxima publicación.

Hispania :sus murallas

Para quien visite Ávila, rodee el perímetro de sus murallas, pasee por el adarve almenado, entre y salga por alguna de sus nueve puertas, compré postales y recuerdos ;para quién en definitiva compruebe que la muralla tiene una presencia constante todavía hoy, quizá le resulte sorprendente que la casi perfecta conservación de las murallas de Ávila se debe a la casualidad. Se debe, en concreto, al agente que más ha hecho en nuestro país en favor de la conservación del patrimonio : la pobreza.

Plano de la Ciudad de Ávila

En el s. XIX fueron deribadas la mayor parte de las murallas que ceñian nuestras viejas ciudades. Había entonces un absurdo mito higienista, según el cual los muros fortificados impedían que los barrios rodeados por ellos se ventilaran adecuadamente. Vista así, la desaparición de las murallas habría seguido los mi mismos principios que otras medidas sanitarias mucho más claras y propias también de esa época., como, por ejemplo, la extensión de las redes del alcantarillado.

En realidad, lo que las murallas estorbaban era la fluidez del incipiente tráfico rodado, así como la costura de barrios antiguos que se pretendían remozar con aquellos otros que se planificaban en el exterior.

En XIX es el siglo en el que dan comienzo las obras basadas en los desarrollos urbanos, negocio al que podían entregarse desde los miembros de la nobleza, como el Marqués de Salamanca, que promovió en Madrid el Barrio que lleva su nombre, hasta verdaderos buscavidas, como muestra con mucho humor y maestría Eduardo Mendoza en “La ciudad de los prodigios”.

Las murallas que han llegado hasta hoy han demostrado ser el medio más eficaz de delimitación de casco histórico contra la especulación urbanística, y ese papel sería probablemente el que más pertubaría a nuestros visionarios contemperáneos, amantes de las alineaciones y grandes avenidas.

Torre de los Serranos

El caso es que a lo largo del siglo XIX y la primera mitad del XX cayeron recintos mirados de una significación  y una monumentalidad extremas, como los de Barcelona y Sevilla. En Valencia se conservan dos puertas, consideradas hoy entre los más destacados tesoros de la ciudad, pero pocos parecen recordar en el que sea posible todavía contemplar las torres de Cuart y de Serranos (esta última, quizá, la puerta de muralla más imponente de toda la Edad Media) responde a su uso reciente como presidio.

Juan Oliver

Fuentes : “Catedrales” Miguel Sobrino

Velazquez, pinceladas(1+1)

Alrededor de los dieciocho años, Velazquez, sobre el 1609 pasa unos meses en el taller de Francisco Herrera el Viejo, pintor dotado de gusto y talento, muy conocido también por su pésimo carácter. Palomino lo define como “hombre rígido y de poca piedad”. El joven alumno se cansa pronto de soportar su temperamento severo y decide dirigirse a Francisco Pacheco, con el cual estipula el 1 de Diciembre de 1610 un contrato de aprendizaje de cuatro a seis años de duración. En este periodo el aprendiz se alojaba en el taller del maestro, que debía mantenerlo y vestirlo y no podía exigirle labores serviles.

En 1617, a la conclusión del plazo, Velazquez supera el examen requerido para la práctica del arte.

En este trazo se pretende hacer visible el cómo y cuando del inicio de la carrera de nuestro protagonista al que iremos aludiendo sistemáticamente en pequeños posts para mostrar así su vida y obra

Obra de Francisco Pacheco

Juan Oliver

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